UNA MALAMADRE SEPARADA

Os dejo el artículo de El Club de Malamadres: http://www.clubdemalasmadres.com En dónde comparto con vosotras mi historia para deciros que no estamos solas. Que el dolor termina pasando y que lo estamos haciendo muy bien.

ELLAS OPINAN: UNA MALAMADRE SEPARADA

Sois muchas Malasmadres las que nos escribís pidiéndonos testimonios de otras Malasmadres separadas y hoy nuestra protagonista, Alicia Antón, amante de la escritura, nos trae el relato en primera persona de lo que supuso para ella superar la separación del padre de su buenhijo de 4 años. Alicia quiere de esta manera ayudar a otras mujeres que atraviesen su misma situación. Afirma que no es fácil ver cómo se desmorona todo aquello que habías formado pero que el tiempo y el aprendizaje continuo de experiencias como esta acaban por cerrar todas las heridas. ¡No te pierdas nuestra historia de hoy!

Érase una vez la realidad de una Malamadre pero SEPARADA. La vida, que no pregunta si estás preparada para separarte cuando tu bebé tiene sólo tres meses y tu familia se rompe. Que no te pregunta si estás preparada para llegar a una casa sola y criarlo así, con silencios y miedos continuos. El futuro en algún momento me miró y se rió de mi. Tú, que tienes tu hogar montado, tus planes de hijos, tu marido (qué típico e irónico suena todo ahora), y un día llega esa cosita pequeña que tanto has deseado y miras a tu alrededor, y no hay nada de lo que tanto habías imaginado. Ni armonía, ni apoyo, ni un equipo. ¿Pero cuándo dejamos de serlo? ¿Cuándo se escribió que toda esa felicidad que muchos matrimonios comparten no iba a ser para mi?

Que duro es darse cuenta y tener que abandonar el barco. Más duro aún cuándo te empujan, sin nada más que tu hijo y mil por qué(s). Sentirse sola en una situación tan común como bajar la compra del coche, junto al niño en brazos dormido, el bolso, la mochila del cole y los abrigos escaleras arriba. El no tener un apoyo en casa para las tareas más sencillas como que uno vista y el otro prepare el desayuno. No tener a otra persona para consultarle y ayudarte. El sentirte muy sola en las noches de fiebre e insomnio, con las dudas y el miedo de las primeras veces. En su primer golpe en casa, que recuerdo que me asusté muchísimo y no había consuelo pero para mí. O escondernos juntos y que nadie nos buscase. El sacar algo de tiempo para cuidarte y subirte a la cinta de correr mientras el buenhijo te sigue, se sienta y te mira todo el rato (ver foto). Esa es la auténtica realidad de mi día a día.

Es muy difícil muchos días lidiar con tu pérdida y hacer a la vez de madre y padre en casa. Y de buena y de mala. Y tener que reponerte cada mañana por tu hijo. Porque ahora, en casa, todo recae sobre una misma persona y haces de las 24h del día, 30 y tienes que estar fuerte y ponerle ACTITUD a cada día porque tienes que organizarte el doble y tienes que contar con el doble de personas. (Gracias a los abuelos y a la tía madrina que siempre están ahí). Si tienes la suerte de poder contar con ellos.

No dudarlo, nosotras nos hemos reconstruido a nosotras mismas porque hemos inventado una manera nueva de organización. De su tiempo y del nuestro. De la casa y las obligaciones. El trabajo, el conciliar y la culpabilidad que siempre está ahí, a la vuelta de la esquina para hacerte sentir culpable cuando el buenhijo se marcha con su padre y tienes tiempo para ti. Un tiempo que anhelas y un tiempo que odias, porque es impuesto. Y soy una auténtica contradicción entre disfrutarlo y dedicarme tiempo y echar de menos a mi hijo todo el rato.

Y también porque en esos “cada 15 días”, una se siente culpable porque me pierdo cosas que mi hijo hace con su padre, todas las que no hace conmigo, incluso algunas que no sé ni que hace y se le dan muy bien, y a días siento que tengo la mitad de él. Pero merece la pena porque sé que, viviendo esa otra mitad, él es FELIZ. Y ese es el mayor chute de energía y realidad que puedo darme a mi misma cada vez que alguien me escribe en estos días de verano y me dice “He visto a Jaime en la playa”. Mientras lo leo y lucho contra ese pinchazo que me grita interiormente “¿Y cómo estará? Y automáticamente, sin preguntarlo, me responden: Estaba FELIZ.

Merece la pena luchar

Mi hijo secó mis lágrimas con 1 año. Él no sabía por qué lloraba pero me tocaba los ojos y me daba un beso. Sin saber hablar. Él fue el que me levantó, sin tocarme. El que me trae el ventolín. El que siempre me pregunta si estoy bien. El niño de sonrisa constante. Él, es mi faro. Mi fuerza. Mi libro en blanco. Cada uno de nuestros hijos lo es, y por todo eso y lo que vendrá merece la pena LUCHAR, queridas mías.

Frederick Douglas dijo una vez que es más fácil construir niños fuertes que reparar hombres rotos. Prepáralos. Puedes por ti misma y sola, lo llevas haciendo desde que te colocaron en ese abismo y sólo te quedó saltar, con él de la mano. O con ellos. Prepáralos desde el amor, el respeto, el cariño, la comprensión y la empatía. Todos nacemos con el instinto de disfrutar de la FELICIDAD pero muy pocos saben moverse en la oscuridad, que será la que marcará los momentos más significativos de nuestra vida. Y si, puedes, y si no puedes todavía, podrás. Confía.

Porque lo estamos haciendo muy bien y es el camino correcto. El nuestro, el que nos esperaba a mitad de camino entre lo que un día deseamos y lo que ahora tenemos. Así que, queridas, creo firmemente que estamos hechas de otra pasta, porque tenemos otra realidad pero nos hemos dado cuenta de que podemos. Que nos hemos superado con creces. Y que somos capaces de llevar esto y mucho más, aunque al principio sea difícil y sientas que no puedes. Por nuestros hijos. Por nosotras. Porque apostamos cada día con las cartas que tenemos y las jugamos bastante bien.

No estamos solas. Cada día somos más en este Club de Malasmadres Separadas (y valientes) con otro tablero de juego. Os mando fuerza. Os mando ánimos. Todo lo que ahora duele, la vida me ha demostrado que el tiempo lo curará.

Pero necesitas eso, t i e m p o.

Recuerda quien eres. Recuérdate cada día que estás dónde debes estar y respira. Agarra la mano de tu hijo y respira. El resto de cosas se solucionarán y la tranquilidad volverá.

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